Entrenador versus deportista

En esta entrada me gustaría dejar constancia de forma clara y simple de las diferencias que existen entre los roles de entrenador y deportista ya que equivocadamente se asocia una conexión determinante entre estos dos papeles.

Lo primero es acudir a la semántica para entender cada cometido. Por una parte tenemos la figura del entrenador que sería la persona que entrena, es decir, que prepara personas especialmente para la práctica de un deporte. Con esta definición es indudable que su principal tarea es mejorar el rendimiento de otros empleando las bases científicas del entrenamiento. Por otra parte tenemos al deportista, que es la persona que por afición o profesionalmente practica algún deporte. Por lo tanto su objetivo fundamental será practicar deporte de forma amateur o profesional. Ambas definiciones evidencian que practicar deporte no te capacita como entrenador, igual que entrenar a otras personas no te hace deportista. Podemos extrapolar este binomio a la medicina y no sería lógico que un médico (entrenador) deba padecer enfermedades para ser médico igual que ningún paciente (deportista) podría ejercer de médico por haber superado una enfermedad.

Ser paciente no te hace médico, ser piloto no te hace mecánico, ser obrero no te hace arquitecto, ser alumno no te hace profesor, ser un accidentado no te hace rescatador o bombero, ser delincuente no te hace policía, ser actor no te hace director, ser modelo no te hace fotógrafo, ser lector no te hace escritor, ser un enfermo mental no te hace psiquiatra, y la que más me gusta para que quede claro, ser un perro no te hace veterinario…¿Queda claro, no? Por ende, ser deportista no te hace entrenador, y si quieres serlo toca dedicar más tiempo a estudiar y menos a entrenar. Entrenándote no te haces entrenador sino deportista.

Con esto no quiero decir que la experiencia de un entrenador como deportista no sea relevante, de hecho casi todos los entrenadores hemos sido o somos deportistas y nos ayuda en nuestra labor profesional. Lo que quiero transmitir es que esa experiencia es un extra no determinante. La responsabilidad de un entrenador es conocer las ciencias de la actividad física y el deporte y aplicarlas. Pero claro, tener este conocimiento no te convierte en mejor deportista, aunque algunos entrenadores que buscamos el máximo rendimiento deportivo nos gustaría que fuera así, pero desgraciadamente el factor limitante no es nuestro conocimiento sino nuestro propio talento como deportistas.

Es por ello que para ser deportista de alto nivel o alto rendimiento hay que tener un determinado talento (aptitudes físicas y psicológicas) y trabajar con constancia y correctamente con un equipo técnico adecuado (entrenador, fisioterapeuta, psicólogo, nutricionista, biomecánico, médico, etc)  para lograrlo. El Consejo Superior de Deportes nombra a los deportistas de alto nivel o alto rendimiento y las universidades conceden el título de Licenciado o Graduado ciencias de la actividad física. Al revés no tiene sentido, son dos caminos diferentes que se deben recorrer independientemente para lograr una u otra meta.

Hay diversidad de entrenadores, desde deportistas de diferentes niveles hasta practicantes de actividad física por salud u ocio, y las diferencias entre ellos radican en sus conocimientos en materia científica relacionada con el entrenamiento y no en su rendimiento deportivo. Es más, lo que haga cada entrenador con su vida deportiva es personal, no profesional. Los entrenadores somos amantes de la actividad física y el deporte y tenemos derecho a disfrutar de ella libremente y que no por ello se vea en entredicho la valía como profesionales. Los objetivos son de libre elección y pueden ir desde mejorar al máximo el rendimiento deportivo, la composición corporal, la salud o aprender más actividades y/o deportes o simplemente lúdico. Nuestro rol de deportista (vida personal) está separado de nuestro rol como entrenador (vida profesional).

En conclusión, para valorar la validez y calidad de un entrenador debes fijarte en principalmente en sus conocimientos y en la mejora, resultados y satisfacción de sus deportistas o usuarios y no en si es o no deportista de mayor o menor nivel.

La píldora de la salud

¿Si te dijera que existe una píldora que al tomarla a diario produce unos beneficios brutales en la salud, supongo que la querrías, no? La buena noticia es que es una realidad. Existe y se llama actividad física. ¿La mala? Que no sé porqué, pero muchos se resisten a tomársela a pesar de sus numerosos beneficios.

¿Cuál sería la dosis idónea? Pues depende de cada persona en concreto. Habría que usar los estímulos adecuados para producir un entrenamiento efectivo y alcanzar los objetivos establecidos. Aquí llega el punto en el que tengo que barrer para casa, pero es que es así. Es a los Licenciados o Graduados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte a los que nos toca desarrollar el “fármaco” o dosis de ejercicio físico adecuado escogiendo los componentes necesarios para cada individuo. Esta dosis de ejercicio físico no va a ser la misma para una persona con hipertensión, que para un obeso, para una persona con una patología del raquis o simplemente para una persona que quiera mejorar su condición física general que no presente patologías de ningún tipo.

Existen numerosos estudios que evidencian los beneficios de la actividad física en diferentes patologías y para la mejora de la calidad de vida en general. Entre estas publicaciones cabe destacar una revisión de estudios (Evidence for prescribing exercise as therapy in chronic disease) que hace la Scandinavian journal of medicine and science in sport del año 2006, en el que abalan la prescripción de la actividad física como terapia. Esta extensa y completa revisión demuestra la eficacia de la prescripción de ejercicio como terapia en:

  • trastornos metabólicos (resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, dislipidemia, hipertensión, obesidad);
  • enfermedades de corazón y pulmonares (enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad coronaria,insuficiencia crónica cardíaca);
  • enfermedades del músculo, del hueso y de las articulaciones (artrosis, artritis reumatoide, osteoporosis, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica) y;
  • el cáncer, la depresión, el asma y la diabetes tipo 1.

Para cada enfermedad, revisaron el efecto del tratamiento con ejercicios sobre la patogénesis (origen y evolución de la enfermedad), los síntomas específicos, la aptitud física y la calidad de vida. En la mayoría de los casos se demostró una fuerte efectividad del ejercicio físico como terapia en enfermedades crónicas.

Está en tus manos. Eres tú quien toma la decisión: ¿quieres tomar tu dosis de actividad física diaria?. Está en ti cambiar y decidir mejorar considerablemente tu calidad de vida a través del ejercicio físico.

Más info | Evidence for prescribing exercise as therapy in chronic disease (revisión completa)

Una vida, un cuerpo

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Lo único que tenemos cuando nacemos es una vida y un único cuerpo donde vivirla. Nosotros debemos elegir como vivir la vida y como tratar nuestro cuerpo. Solo tienes una oportunidad y lo que no hagas en esta vida ya no lo podrás hacer.

Un buen consejo es que cuides tu cuerpo y lo mantengas sano para llegar a tener una vida plena que te permita llegar a la vejez con calidad de vida y seguir disfrutando plenamente. Para llegar a esto tan solo debemos preservar la salud, que según la Organización Mundial de la Salud, es el estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad.

¿Y cuáles son las claves para preservar y mejorar la salud? Pues son varias, pero entre ellas esta el mantener una actividad física diaria y evitar el sedentarismo, acompañado de una alimentación sana y equilibrada, y por supuesto, respetar el descanso.

Dentro de esta premisa cada uno tiene la libertad de elegir hasta donde quiere llegar, algunos lo harán para mantener la salud en buenas condiciones, otros buscarán un rendimiento un poco mayor y otros intentarán entrenar para llegar a conocer cuales son los límites físicos de su cuerpo y mente. Por todo esto te ánimo a que inviertas tiempo y esfuerzo en alcanzar tus objetivos, cualquiera que sea, ya que solo tienes una oportunidad en una vida y cada día que tardas en empezar cuenta.

Haz un cambio y empieza el camino para alcanzar tus metas, no solo en el aspecto saludable, sino en todos los ámbitos de la vida.