Travesía Mar de Las Calmas 2015: disfrutando a tope

El pasado 26 de septiembre de 2015 participé en la Travesía Mar de Las Calmas de 12km en la isla de El Hierro. Fue mi primera travesía a nado de más de 10km, y por lo tanto la más larga hasta la fecha.

Había preparado con mucho ahínco esta prueba y atrás quedaban miles de metros de natación en piscina y aguas abiertas. Incluso algunas semanas de hasta 11 sesiones de entrenamiento y bastantes sesiones de más de 2h de natación continua, pero sobre todo, muchas horas disfrutando y entrenando con un objetivo muy claro: ser finisher de la Travesía Mar de Las Calmas. Lo principal era sin duda ir a la prueba a seguir disfrutando de cara a lograr el objetivo.

En un enclave espectacular para nadar en aguas abiertas, el sábado a primera hora zarpamos hacia la playa de Las Alcuzas, situada a 12km de La Restinga y desde donde se daría nuestra salida. Durante la travesía en barco pudimos ver un mar en absoluta quietud, como una balsa de aceite. Era, probablemente el mar más tranquilo que había visto nunca. Dadas las circunstancias, todo hacía pensar que sería muy cómodo nadar en estas condiciones pero de un soplo todo cambió. Ya en la zona de inicio de la travesía, mientras esperábamos en los barcos la hora de salida, el viento roló y llegaron olas de viento en contra. Una situación sin duda inusual en el Mar de Las Calmas (tal y como su propio nombre indica), pero en aguas abiertas ya se sabe que esto es parte del juego, y había que venir preparado para esta remota posibilidad.

Ya en el agua, y después de hacer la verificación de nadadores, se da la salida y todos los nadadores seguimos el respectivo kayak que nos marcaba el ritmo de cada grupo. Hasta aproximadamente los 6km de travesía debíamos permanecer todos juntos. Iba muy a gusto en el grupo y el tiempo pasó muy rápido hasta el sexto kilometro, a donde llegué en condiciones óptimas para continuar.

A partir de aquí, la travesía se lanzaba y cada nadador podría elegir su ritmo de nado con total libertad. De esta zona en adelante el oleaje fue in crescendo a medida que progresábamos hacia meta, situación  que condicionaba el ritmo de nado ya que había que adecuar la técnica al movimiento ondulatorio del mar. Aún así, me encontraba muy animado y con fuerzas, y aunque quería llegar a meta lo antes posible como cualquier deportista en competición, estaba disfrutando a tope del momento. Gracias a las numerosas embarcaciones velando por nuestra seguridad y a que me veía bien físicamente preferí verlo como una oportunidad perfecta para bailar con las olas sin riesgos. Me lo pasé genial y me gustó disfrutar del estado del mar y de la lucha que mantuvimos durante las últimas horas de travesía. Para mí, precisamente ese es uno de los objetivos entrenando y competiendo: saber superar las dificultades que aparezcan.

Trayectoria de nado según mi Garmin 910XT (13243m).
Trayectoria de nado según mi Garmin 910XT (13243m).

Seguí sumando metros hasta que divisé el contradique del muelle y supe que quedaba ya muy poco tiempo para llegar a meta. La alegría de llegar a meta y ser finisher fue múltiple: por haber logrado el objetivo, por haber disfrutado tanto durante la travesía, por llegar en buenas condiciones (a pesar del cansancio evidente después de nadar 12km), por sentirme orgulloso del trabajo preparatorio que había hecho durante meses, por todos esos entrenamientos solo o compartidos (¡gracias a todos!), por la alegría de otros al verme o saber que había logrado el objetivo… Todas y cada una de las palabras de ánimo y aliento que he recibido han hecho que tanto la preparación como la prueba fuera más fácil y hacen que me sienta enormemente afortunado.

Por último, decir que durante absolutamente toda la travesía me sentí muy seguro gracias al despliegue de la organización y en mi caso particular tuve todo lo que necesité en los avituallamientos. De hecho, en los últimos 7km no paré en todos ellos ya que la frecuencia entre ellos era muy alta. Un auténtico lujo de organización y una travesía a la que me gustaría tener la oportunidad de volver. ¡Muchas gracias a todos los que hacen posible este evento y al pueblo de El Hierro! ¡Son grandes!.

Travesía Maspalomas 2015: muy dura pero reconfortante

El sábado 19 de septiembre de 2015 se celebró la Travesía de Maspalomas con distancias de 7400m, 2000m y 1000m. Después de entrenar a Berni y a Pedro, para la primera y segunda edición de larga distancia respectivamente, ahora me tocaba a mí nadar los 7400m.

Tomé la salida con la tranquilidad de ir con los deberes hechos y con ganas de llegar a meta, como siempre, lo antes posible y dando el máximo. Esta edición se tornó muy dura a causa de la corriente en contra y las olas que estuvieron presentes desde la misma salida en la Playa de El Pajar hasta el Faro de Maspalomas. El estado del mar hizo que nadar fuera muy incómodo, ya que mantener el estilo con el vaivén de las olas era una tarea complicada. Precisamente estas adversidades en forma de fenómeno de la naturaleza fue lo que más me gusto e hizo más especial ser finisher. Sí, a lo mejor estoy un poco loco, pero es que no me gusta lo fácil. Si entreno duro es para enfrentarme a lo difícil y superarlo. Bajo estas condiciones sabe mucho más cruzar el arco de meta y te recarga las pilas a tope para seguir entrenando y afrontando retos. De hecho, ya hoy después de una noche de descanso estoy con ansia de entrenar.

Trayectoria de nado según el Garmin 910XT (7914m).
Trayectoria de nado según mi Garmin 910XT (7914m).

Me gustaría concluir, por una parte, agradeciendo el apoyo y las palabras de ánimo que recibí, son de gran ayuda y motivación, y por otra parte, citar a Cicerón ya que describe el sentir de lo que viví ayer.

Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria. Cicerón.

Foto | Juan Pedro Borrego de Tinta Amarilla

Crónicas ensalitradas (por Pedro Melián)

21 de septiembre de 2013, playa de Maspalomas (junto al Faro).

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Pedro y Berni un año antes. Travesía Maspalomas 2013

10:20 am: Mirando a la gente que partía hacia El Pajar (Arguineguín) con sus flotadores de localización en la mano y embutidos en sus neoprenos para hacer la Travesía Canaragua de 7.400 metros, una vocecita interna me preguntaba insistentemente: ¿serás capaz?

En algún momento, mientras despedía y deseaba suerte a Berni, este monólogo interno se hizo diálogo y la respuesta me la dio un tipo alto y barbudo que estaba a su lado y al que, en aquel momento, no conocía demasiado:

– “Un reto grande pasa por un sacrificio grande

20 de septiembre de 2014, playa de El Pajar (Arguineguín).

10:00 am: Un año después aquí estoy. Embutido en neopreno, con los sobacos y el cuello emborregados de vaselina y con el flotador de localización en la mano. Al frente, el faro de Maspalomas. Pese a sus 50,74 metros, desde aquí parece un mechero Clipper.

Suena la bocina de salida.

Tras un año de entrenamientos, de calentamientos de estilos, de ejercicios de técnica repetidos miles y miles de veces; de series de 25, 50, 100, 200 y 400 metros a todo tipo de ritmos, de test de todo tipo de distancias en piscina y en mar abierto; y de decenas de kilómetros de vueltas a la calma, me dispongo afrontar mi primera travesía de más 3000 metros (hasta este momento mi reto de mayor distancia).

10:20 am: Confirmo una vez más que la natación es un deporte, además de solitario y silencioso, enormemente sensitivo. Tanto que tus oídos reconocen cuando has entrado mal la mano en el agua, tus hombros te susurran si no haces bien el rolido, los codos te sugieren que los dirijas al cielo continuamente, las lumbares se quejan cuando no alineas bien las piernas y el cerebro identifica cuando tu cuerpo supera la barrera de dolores del calentamiento y pasas a tener el cuerpo a punto para la batalla.

No tengo ni idea de cuanto tiempo llevo nadando, pero siento que mi cuerpo se encuentra justo en ese momento.

10:45 am: Me invade la euforia. Voy cómodo, escondiéndome del agua, deslizando, con técnica. Rápidamente me digo: controla que esto no ha hecho más que empezar. Aún echando un poco el freno noto que avanzo rápido, sin tener reloj sé que voy a menos de dos minutos cada cien. Poco a poco el grupo con el que salí de playa se va quedando atrás y empiezo a ver la espuma de los que van delante de mi.

11:07 am: Llegada al punto intermedio (3.700 metros). Es alucinante la capacidad de adaptación del ser humano. De repente un cacho de plátano, otro de naranja y dos vasos de agua para bajar el gel de carbohidratos, flotando en el agua rodeado de cabezas amarillas y flotadores naranja y agarrado a una escalerilla se convierte en el mejor de los manjares en la mejor compañía. Aprovecho para intercambiar impresiones y echar una miradita a Montaña Arena. La vista de la costa es increíble. Sorprendentemente ni reparo en que estoy en mar abierto a, por lo menos, dos kilómetros de tierra firme.

Marcho de lujo. El ritmo que llevo es bueno y las condiciones son inmejorables: agua cálida, viento suave, sin olas y poca corriente. El faro ahora parece un bote de gas para recargar el mechero.

11:30 am: El principal atractivo de nadar en aguas abiertas es que el mar se comporta como la vida misma. Justo cuando crees tenerlo todo controlado se te vira la tortilla.

Comienza a soplar el viento y a levantarse olas. No hace falta ver a Maldonado dar el parte metereológico. Tras más de veinte travesías en todo tipo de condiciones te basta con las sensaciones que te transmite un simple gesto: sacar el brazo y notar agua hasta que lo metes.

Empieza el baile.

11:45 am: Llego a la escollera del muelle de Pasito Blanco, aunque parece que estoy en la montaña rusa del HolidayWorld.

Al vaivén ondulante de las olas se le suman que los bancos de algas a los que hace un rato atravesaba como un tiro, ahora me la devuelven cambiando los tiros por andanadas de flechas de costado siguiendo el rumbo de la corriente.

La escollera parece el dique Reina Sofía, ¿era tan grande cuando la miré anoche en Google Maps?

12:15 pm: Tres y a la derecha, tres y a la izquierda…no saques la cabeza, escóndete del agua, desliza, no pierdas la técnica…me hablo para animarme y no pensar en el dolor de hombros.

El varadero de Meloneras parece la ópera de Sidney. Empiezo a notar que no estoy deslizándome, que mis brazos empeñados en avanzar no contrarrestan la fuerza de la corriente.

Pánico. Después de todo el esfuerzo de un año, empiezo a repetirme: ¡no me jodas que no voy a acabar!

Me grito diez veces ‘calma’. Me recuerdo otras diez que estoy preparado. Aprieto los dientes y me repito a modo de mantra tibetano: “escóndete del agua, desliza, no pierdas la técnica…”

Descubro que en realidad estoy avanzando. Que la sensación de parón no es más que la monotonía del fondo y la velocidad a la que pasan las algas por debajo de mi cuerpo.

12:40 pm: Tras dos horas y cuarenta minutos nadando llego a la penúltima boya y me acuerdo del cuento de Pulgarcito. De alguna forma me imagino que somos diminutos Pulgarcitos buscando garbanzos en el mar. Garbanzos que al acercarte son boyas de dos metros cuadrados que guían nuestro camino.

Empiezo a distinguir las ventanas de la base del Faro. Y las banderas. Y algunos bultos que imagino que son personas.

A estas alturas tengo claro que mi cuerpo aguantará.

Me centro en ganarle la batalla a la parte de mi cerebro que me dice que ya basta. Que qué necesidad.

12:50 pm: Alcanzo la última boya. Por mi cabeza pasan las noches de frío y lluvia camino de la piscina de Valsequillo, los dolores de los entrenamientos, los tragos de agua, el olor a cloro, los estiramientos en el gimnasio, los masajes de Julia, la mala gana de salir de currar y tirarte un entreno de 4.000 metros a toda leche.

Recuerdo el descubrimiento, en la piscina de Los Lentiscos, de que una cosa es flotar, otra desplazarse en el agua, otra nadar; y otra, bien distinta, “nadar triple E”: eficaz, eficiente y efectivo.

Grito varias veces alto y fuerte, pero sólo yo me escucho. Dos buches más de agua para adentro.

12:53 pm: Después de dos horas y cincuenta y tres minutos recupero la verticalidad y pongo pie en tierra, justo al pie del Faro de Maspalomas, que ahora se levanta enorme a mi derecha.

Cientos de miles y millones de minúsculas endorfinas recorren mi cuerpo a modo de masaje reparador.

¡Lo conseguí!

Miro el reloj. Aunque te hayas dicho miles de veces que el tiempo es lo de menos, la costumbre de mirar el reloj cada vez que acabas una serie es lo que tiene: 2:54:40″

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12:54 pm: Oigo mi nombre y me giro. El tipo alto y barbudo, que un año después es mi trainer y amigo, me sonríe y me saca una foto.

A su lado, Berni me da un abrazo y me felicita.

Me acuerdo de Eli y pienso: “encargo concedido”

Gracias por todo a l@s tres.

13:15 pm: Me tomo una (1) bebida isotónica, un par (2) de cachos de plátano, pequeños lujos a los que tienes derecho tras pagar 45€ de inscripción.

13:16 pm: Me pregunto varias veces: ¿a quién se le ocurre dar a l@s participantes una ensalada caliente envasada en plástico con una pulguita de pan chicloso al acabar?.

13:17 pm: Me quito el neopreno y recupero mi epidermis.

13:18 pm: Regalo mi ensalada.

13:23 pm: 365 días, 27 horas y 3 minutos después, me siento orgulloso de ponerme mi camiseta. Por primera vez considero que me la he ganado.

Que hay que currársela.

Blanca, sencilla.

Sólo una frase: Yo entreno con Joel Pedroche.

Pedro y Joel antes de la travesía.
Pedro y Joel antes de la travesía.

Mente 1 – Sufrimiento 0

entrenador personal

El pasado fin de semana, a pesar de las circunstancias que se dieron durante la Travesía de Maspalomas 7400m, Berni pudo completarla de forma muy meritoria, aunque sin buenas sensaciones. Finalizó la prueba con mucho esfuerzo y sobretodo, con una mente que le permitió rendir al máximo de sus posibilidades y aprovechar todo el entrenamiento que había realizado hasta la fecha.

entrenador personal
Berni momentos antes de la salida

Durante el transcurso de la prueba se encontró muy bien físicamente y técnicamente pero a medida que avanzaba se empezaba a encontrar cada vez más mareado, y eso le impidió rendir al máximo nivel. Esta situación pasa a veces al nadar en aguas abiertas. Si no te has visto en ella, para que te hagas una idea, es el mismo mareo que puedes sentir al viajar en barco, coche u otro medio de transporte. Para combatirlo hay varias soluciones posibles: la primera, usar tapones; la segunda, hacer sesiones más largas en mar para buscar la adaptación.

Retomando la crónica, en ese momento una cosa llevó a la otra y Berni acabó vomitando y encontrándose cada vez más mareado, llegando incluso a pensar en retirarse. Sin embargo, en este punto su mente le ganó la partida al sufrimiento y siguió nadando. No estaba fatigado, tenía energía para continuar pero el mareo no desaparecía. En estas circunstancias, llegar a meta tuvo más valor que si las condiciones hubieran sido idóneas.

Como su entrenador estoy muy orgulloso de su actuación y hago un balance positivo. Estamos trabajando bien ya que el plan de entrenamiento que hemos trazado ha sido efectivo y le ha permitido terminar la prueba en un tiempo destacable aún no teniendo todo a su favor.

Entrenar duro lo hará más fácil, pero no evita sufrir compitiendo.

El entrenamiento te habilita para mejorar tus marcas, para no lesionarte, para recuperar mejor de las competiciones, para competir con mejor estado de forma…pero no te va a evitar sufrir en competición, porque la competición te lleva un punto más allá y hay ciertos aspectos que solo se aprenden compitiendo.

entrenador personal
Berni en la llegada

Compite con buenas sensaciones

El 1 de septiembre de 2013 tuvo lugar la Travesía a nado Ciudad de Telde que unió las playas de Melenara y Salinetas en un recorrido que sumaría aproximadamente 1300m. Allí estuvo uno de nosotros, Berni.

Hoy con bastante retraso publicamos las fotos de esa última prueba que hicimos, no sin ningún motivo. Lo hacemos con ánimo de recordar las buenas sensaciones que se dieron aquel 1 de septiembre en Telde de cara a la Travesía a nado de Maspalomas.  Esta tendrá lugar este próximo sábado 21 de septiembre de 2013 y unirá la Playa del Pajar y el Faro de Maspalomas en la costa del sur de Gran Canaria recorriendo un total de 7400m. Ya queda poco para que Berni se enfrente a esta distancia que será nueva para el. Para ello hemos trabajado y lo asumimos con ilusión y como un nuevo reto.

Por esto siempre es ideal visualizar momentos de competición en los que hayamos tenido buenas sensaciones antes y durante cada nueva prueba a la que nos enfrentemos.